NESTOR ORTIGOZA, FIGURA DE ARGENTINOS, HASTA HACE MUY POCO JUGABA POR PLATA EN LUGARES BRAVOSCon el potrero en la sangre "Siempre fui pobre y los 700 u 800 pesos que me llevaba me venían bárbaro", cuenta.
Será que el hombre deja el alma en cada pelota porque la vida le dio lecciones sobre sacrificio. Será que se banca meter y meter, porque alguna vez lo hizo en un polvaredal y sin canilleras. Será que Néstor Ortigoza sabe lo que es ser profesional, porque nació en el potrero.
Cuando la hora de la siesta se complota con un sol bien picante y con la tierra de las calles que vuela, los mosquitos se hacen amos y señores del humilde barrio en Merlo. En esa hora, el volante de Argentinos Juniors sale de su pequeña casa y encara para un rectángulo de pasto y yuyo que se ve delimitado por dos arquitos de caño y que es cruzado por un caminito de tierra.
Los recuerdos salen a trompicones de su boca y arranca: "Si habré jugado partidos con mis amigos acá. Me venía corriendo con la pelota todos los días". Mientras tanto su papá, Oscar, comenta algo sobre partidos peligrosos: "Mirá esta cicatriz en el talón de Aquiles. Me lo rompieron jugando por plata. Por eso yo no quería que él haga lo mismo".
-Néstor, ¿vos jugaste por plata?
-Sí. Yo iba a jugar a González Catán. Se jugaban torneos por muchos billetes. Tenía mi equipo, Central del 30.
-¿Cómo hacías para entrenarte en inferiores y seguir ahí?
-Hacía como podía. Una vez me dieron una patada tan fuerte que no podía caminar. Encima tenía que volver a casa, donde nadie debía darse cuenta. Más de una vez le tiré los botines al vecino que me cubría y también me cambiaba en lo de mi abuela.
-¿Cuándo jugaste por última vez?
-Hace un par de meses.
-Pero eras titular con Caruso Lombardi ya...
-Sí. Lo hacía porque a mí, que siempre fui pobre, los 700 u 800 pesos que me llevaba en un partido me venían bárbaro. Después se enteró Caruso y me dijo que debía decidir qué hacer con mi carrera. Ahí lo tuve que dejar.
-¿De cuánto fue la máxima apuesta?
-De 10.000 pesos en un mano a mano entre dos equipos. Eran a matar o morir.
Ortigoza es el encargado de los penales en Argentinos. Ya convirtió 3 y demuestra displicencia efectiva al hacerlo.
-¿Es cierto que la calma que tenés para patearlos viene de esa época?
-No sé, puede ser. Yo siempre definía aquellos torneos en los penales y también jugaba contra otros a patear por unos pesos.
Sonríe mientras tanto. Además rememora otras historias. "A mi viejo no le alcanzaba para pagarme el colectivo hasta el entrenamiento, así que me iba con el guardapolvo puesto para pagar menos y mis compañeros al llegar me cargaban", revela con inocencia. "Muchas veces estuve a punto de dejar, pero pude seguir, con muchísimo sacrificio. Ahora, por suerte, el fútbol me da recompensa", agrega.
-¿Qué tiene de diferente jugar con una apuesta de por medio, que hacerlo profesionalmente?
-Que si hoy viene, por ejemplo, Battaglia, como en el partido con Boca, y me dice "Nene, levantate", no le tengo miedo, porque yo ya viví que roperos todos tatuados y con cara de malo me amenacen con romperme la pierna. No tengo temor en la cancha. Ninguno.
-Algún parecido deben tener los dos mundos...
-Sí, el fútbol. Y eso es lo más lindo que hay.
Por eso, será entonces, que el hombre disfruta cada buen momento; él los vivió peores. Hoy el deporte le sonríe a Néstor Ortigoza. Y su vida, que al cabo es lo más importante, también.
Sebastián Río
NESTOR ORTIGOZA, FIGURA DE ARGENTINOS, HASTA HACE MUY POCO JUGABA POR PLATA EN LUGARES BRAVOSCon el potrero en la sangre "Siempre fui pobre y los 700 u 800 pesos que me llevaba me venían bárbaro", cuenta.
Será que el hombre deja el alma en cada pelota porque la vida le dio lecciones sobre sacrificio. Será que se banca meter y meter, porque alguna vez lo hizo en un polvaredal y sin canilleras. Será que Néstor Ortigoza sabe lo que es ser profesional, porque nació en el potrero.
Cuando la hora de la siesta se complota con un sol bien picante y con la tierra de las calles que vuela, los mosquitos se hacen amos y señores del humilde barrio en Merlo. En esa hora, el volante de Argentinos Juniors sale de su pequeña casa y encara para un rectángulo de pasto y yuyo que se ve delimitado por dos arquitos de caño y que es cruzado por un caminito de tierra.
Los recuerdos salen a trompicones de su boca y arranca: "Si habré jugado partidos con mis amigos acá. Me venía corriendo con la pelota todos los días". Mientras tanto su papá, Oscar, comenta algo sobre partidos peligrosos: "Mirá esta cicatriz en el talón de Aquiles. Me lo rompieron jugando por plata. Por eso yo no quería que él haga lo mismo".
-Néstor, ¿vos jugaste por plata?
-Sí. Yo iba a jugar a González Catán. Se jugaban torneos por muchos billetes. Tenía mi equipo, Central del 30.
-¿Cómo hacías para entrenarte en inferiores y seguir ahí?
-Hacía como podía. Una vez me dieron una patada tan fuerte que no podía caminar. Encima tenía que volver a casa, donde nadie debía darse cuenta. Más de una vez le tiré los botines al vecino que me cubría y también me cambiaba en lo de mi abuela.
-¿Cuándo jugaste por última vez?
-Hace un par de meses.
-Pero eras titular con Caruso Lombardi ya...
-Sí. Lo hacía porque a mí, que siempre fui pobre, los 700 u 800 pesos que me llevaba en un partido me venían bárbaro. Después se enteró Caruso y me dijo que debía decidir qué hacer con mi carrera. Ahí lo tuve que dejar.
-¿De cuánto fue la máxima apuesta?
-De 10.000 pesos en un mano a mano entre dos equipos. Eran a matar o morir.
Ortigoza es el encargado de los penales en Argentinos. Ya convirtió 3 y demuestra displicencia efectiva al hacerlo.
-¿Es cierto que la calma que tenés para patearlos viene de esa época?
-No sé, puede ser. Yo siempre definía aquellos torneos en los penales y también jugaba contra otros a patear por unos pesos.
Sonríe mientras tanto. Además rememora otras historias. "A mi viejo no le alcanzaba para pagarme el colectivo hasta el entrenamiento, así que me iba con el guardapolvo puesto para pagar menos y mis compañeros al llegar me cargaban", revela con inocencia. "Muchas veces estuve a punto de dejar, pero pude seguir, con muchísimo sacrificio. Ahora, por suerte, el fútbol me da recompensa", agrega.
-¿Qué tiene de diferente jugar con una apuesta de por medio, que hacerlo profesionalmente?
-Que si hoy viene, por ejemplo, Battaglia, como en el partido con Boca, y me dice "Nene, levantate", no le tengo miedo, porque yo ya viví que roperos todos tatuados y con cara de malo me amenacen con romperme la pierna. No tengo temor en la cancha. Ninguno.
-Algún parecido deben tener los dos mundos...
-Sí, el fútbol. Y eso es lo más lindo que hay.
Por eso, será entonces, que el hombre disfruta cada buen momento; él los vivió peores. Hoy el deporte le sonríe a Néstor Ortigoza. Y su vida, que al cabo es lo más importante, también.
Hace un año, a Nestor Ortigoza le cambió la vida. Practicamente la gente de su barrio lo conocia, en el Oeste del Gran Buenos Aires. Allí en Merlo, en donde aún queda en pie algún potrero donde aprender a jugar, era el líder de "Central del 30", un equipo áspero con el que supo ganar sus primeros billetes. "Siempre fui pobre, y los 700 u 800 pesos que ganaba por cada campeonato eran importantes para mí", dice ahora.Cerca de su casa, existe el potrero donde perfeccionó su pegada. Día tras día de su sacrificada adolescencia afiló su derecha para darle con delicadeza a la pelota y meterles fuerte a los rivales. Es que, además de ser habilidoso, se necesita ser muy guapo para jugar en esa canchita con arcos de caño y un caminito de tierra que la cruza de punta a punta. Y que conste que guapo, en las tierras de Ortigoza, no refiere a belleza sino a guapeza, a hombría.Por eso, ahora que la vida bendice a este centrocampista , él se ríe de los que le ponen cara de malo. "Una vez Battaglia, de Boca, me miró feo y me dijo "levantate, nene". Ja… mirá si le voy a tener miedo, yo que me crié jugando con "roperos" tatuados y con cara de malo que me amenazaban con romperme una pierna. Imaginate: no le tengo miedo a nada…".Vale la aclaración: Ortigoza no es de esos rústicos que se la pasan pegando patadas. Nada que ver: pega porque juega de 5 y debe hacerse respetar. Pero tiene una habilidad impresionante pese a su macizo físico. Tira caños, habilita compañeros y es el encargado de ejecutar los penales de Argentinos. A Vega (River), en el Monumental y en el último minuto, se lo convirtió suave y con calidad. Como si estuviera en el patio de su casa.Tan metido en la sangre tiene el potrero que, ya siendo jugador de Argentinos Juniors, seguía participando de esos salvajes torneos de barrio. Para que su familia no lo retara, al volver del potrero con unos pesos en el bolsillo, dejaba los botines de fútbol en lo de un vecino. Pero el ex entrenador de Argentinos, Caruso Lombardi, le dio a elegir: el profesionalismo o el fútbol de potrero, en medio de polvaredas y sin canilleras. Y desde entonces se cuida como Dios manda. FUENTE:http://noticias.lapaternaaaj.com.ar/2008/12/ortigoza-el-5-de-argentinos.html